domingo, 7 de mayo de 2023

LA NATURALEZA CON TANTA TECNOLOGÍA POCO NOS ASOMBRA

Algo nos está robando la capacidad de admirarnos. De un tiempo a esta parte, la tecnología y sus avances precipitados no pasa desapercibida, al contrario, nos asombra más que la misma naturaleza. Hoy en día nos cuesta demasiado maravillarnos porque no ejercitamos la capacidad de asombro y de valorar todo lo que disfrutamos como tomar un café aromático o un vino delicioso en buena compañía. Es decir, las cosas artificiales superan en asombro a las cosas naturales. Nos gusta más disfrutar de lo virtual que de lo real.

Es sabido que la filosofía nace con la capacidad de asombro porque nos hace capaces de apreciar una inmensidad que nos supera y en la que somos protagonistas. Hemos desdeñado el asombro y la admiración como algo infantil que nos aparta de lo esencial.

Es necesario e importante el asombro, porque le sucede la imaginación. Asombro e imaginación recrean y crean nuestro modus vivendi. Y si dejamos de asombrarnos e imaginarnos por nosotros mismos, entonces, las máquinas (inteligencia artificial) lo hará por nosotros. De este modo, estamos llegando al fin del humanismo, para dar paso al trans o post humanismo. Que en resumen significa el infra humanismo porque ya nada de lo natural nos asombra ni la imaginamos como un mundo mejor, si no, un mundo pragmático, descartable.

Ya lo dijo Einstein: “Uno no puede dejar de asombrarse cuando contempla los misterios de la eternidad, de la vida, de la maravillosa estructura de la realidad. No hay que perder nunca esta sagrada curiosidad”. De este modo, el asombro nos hace sentir la pequeñez y humildad frente a lo sabedores de algo mucho más grande que nosotros mismos. Que la tecnología no nos arrebate nuestra capacidad de asombro frente a todo lo natural, más que a lo artificial.