miércoles, 17 de marzo de 2021

Del contacto físico al contacto virtual

La pandemia del 2020 ha reducido a la mínima expresión las relaciones sociales; una es el contacto físico. Hay investigaciones sobre la importancia del tacto, tanto que proponen colocar al recién nacido sobre el cuerpo de la madre para facilitar el desarrollo de los pulmones y el corazón con mayor familiaridad. 

La ciencia manifiesta la necesidad que tenemos los seres humanos de interactuar unos con otros de forma que hemos desarrollado un sistema hormonal que se aloja en la piel. Si esta fibra se aviva enciende en el cerebro la parte responsable del placer, soltando un sinfín de hormonas como la serotonina, oxitocina, dopamina… responsables del buen vivir y sentir. 

Toda esta data nos lleva a la conclusión de que más del 75% de las personas confinadas en sus casas por esta enfermedad manifiestan la necesidad del contacto físico. Sin embargo, al no poder hacerlo por la presencia “invisible” del virus, nos conformamos con el contacto virtual o sincrónico. El contacto virtual separa el cuerpo y sus necesidades, sin suprimirlas. Hoy en día, en Asia, Europa y los EEUU se venden mascotas, robot, y otros elementos artificiales que dan la sensación de compañía. La realidad es que el virus nos ha hecho ser conscientes de la necesidad que tenemos todos los seres humanos del contacto con nuestros semejantes. ¿Todo este proceso será la continuación de la evolución de las especies? ¿De lo físico a lo virtual?

domingo, 10 de enero de 2021

EL MIEDO ALEJA DEL AMOR

Surge cuando se producen derrotas o pérdidas de todo tipo, económico, médico, afectivo, laboral, etc. El miedo nos quita la lucidez, secuestra nuestra paz, causa sufrimiento y lleva a culpabilizar a otros de nuestro malestar. El miedo es lo opuesto a la confianza, donde hay miedo no hay confianza, y donde hay confianza no hay miedo. El miedo se activa en situaciones de amenaza, tiende a agravarse cuando se hace presente cualquier tipo de pérdida, cuando aparece la incertidumbre y cuando tenemos la sensación de no controlar algo. Pero, en realidad, la raíz del miedo es más profunda. Nace de nuestra idea de que somos un yo separado y, en último término, de la ignorancia acerca de nuestra verdadera identidad. Al entregarnos a la vida, en la aceptación profunda, experimentamos que la confianza no defrauda: hay un fondo que nos sostiene en todo momento; ese fondo es lo que somos: fe, creencia, confianza, vida. Donde hay miedo, no hay amor; donde hay amor, el miedo se disipa.