jueves, 7 de septiembre de 2017

FORTALECER LA RELACIÓN PERSONAL

Al disponer nuestro corazón para perdonar, no solo mejora nuestra relación personal y familiar, también damos pasos sólidos para alcanzar la paz interior que tanto hemos anhelado. Muchas de las dificultades que tenemos con la pareja, los hijos, amistades, producen heridas que no sanan a tiempo. ¿La razón? Equivocadamente creemos que al no abordar el asunto, el tiempo llevará a que se olvide. ¡Tremendo error! Las heridas emocionales permanecen latentes y terminan estallando en un tremendo conflicto cuando menos lo esperamos. Por ello, se recomienda, al final de la jornada, antes de cerrar los ojos, reconciliarse porque la confesión sincera abre la puerta a la posibilidad del perdón. 

lunes, 26 de junio de 2017

Camino espiritual de RUMI

RUMI, POETA Y MÍSTICO SUFÍ, SIGLO XIII

— ¿Qué es el veneno?
— Cualquier cosa más allá de lo que necesitamos es veneno. Puede ser el poder, la pereza, la comida, el ego, la ambición, el miedo, la ira, o lo que sea...
— ¿Qué es el miedo?
— La no aceptación de la incertidumbre. Si aceptamos la incertidumbre, se convierte en aventura.
— ¿Qué es la envidia?
— La no aceptación de la bienaventuranza en el otro. Si lo aceptamos, se torna en inspiración.
— ¿Qué es la ira?
— La no aceptación de lo que está más allá de nuestro control. Si aceptamos, se convierte en tolerancia.
— ¿Qué es el odio?
— La no aceptación de las personas como son. Si las aceptamos incondicionalmente, se convierte en amor.
— ¿Cuándo se avanza hacia la madurez espiritual?
1º Cuando se deja de tratar de cambiar a los demás y nos concentramos en cambiarnos a nosotros mismos.
2º Cuando aceptamos a las personas como son.
3º Cuando entendemos que todos están acertados según su propia perspectiva.
4º Cuando se aprende a "dejar ir".
5º Cuando se es capaz de no tener "expectativas" en una relación, y damos de nosotros mismos por el placer de dar.
6º Cuando comprendemos que lo que hacemos, lo hacemos para nuestra propia paz.
7º Cuando uno cesa de demostrar al mundo lo inteligente se es.
8º Cuando dejamos de buscar la aprobación de los demás.
9º Cuando dejamos de compararnos con los demás.
10º Cuando se está en paz consigo mismo.
11º Cuando somos capaces de distinguir entre "necesidad" y "querer" y somos capaces de dejar ir ese querer...
12º Cuando dejamos de anexar la "felicidad" a las cosas materiales



domingo, 2 de abril de 2017

POR ESO ADORO EL SILENCIO, Contemplar mejor.

(Adaptado desde José María Castillo: Importancia del Silencio, en www.feadulta.com)


Nos damos cuenta que en los pasillos de los centros médicos vemos muy a menudo un aviso de una enfermera pidiéndonos guardar silencio, pues Florence Nightingale, pionera de la enfermería moderna, dijo que “el ruido innecesario es la falta de atención más cruel que se le puede infligir a una persona, ya esté sana o enferma”. Ahora la neurociencia ha confirmado que nuestro cerebro necesita el silencio casi tanto como nuestros pulmones el oxígeno. Porque…

…El silencio contribuye a regenerar el cerebro. Hasta hace poco se pensaba que las neuronas no podían regenerarse y que nuestro cerebro estaba condenado a un declive progresivo e inexorable. Sin embargo, con el descubrimiento de la neurogénesis todo ha cambiado, y ahora los neurocientíficos se centran en descubrir qué puede promover la regeneración neuronal. Ellos comprobaron que en el cerebro de los ratones que se quedaban en silencio durante dos horas cada día crecían nuevas células en el hipocampo, la región del cerebro relacionada con la memoria, las emociones y el aprendizaje. Por tanto, reservar algunos minutos al día para estar en completo silencio podría ser muy beneficioso para nuestro cerebro, ayudándonos a conservar la memoria y a ser más flexibles ante los cambios.

…El silencio permite que el cerebro le dé sentido a la información. Nuestro cerebro tiene una “red por defecto” que se activa cuando estamos descansando. Esa red se encarga de evaluar las situaciones e información a la que nos hemos expuesto a lo largo del día y las integra en nuestra memoria o las descarta si son irrelevantes. También es la principal responsable de los destellos de genialidad ya que se encarga de ir atando cabos y buscar soluciones a los problemas. Recientemente, investigadores de la Universidad de Harvard descubrieron que esa red se activa de forma especial cuando reflexionamos sobre nosotros mismos, por lo que sería esencial para reafirmar nuestra identidad. Estos investigadores también apreciaron que la red por defecto se activa cuando estamos en silencio y con los ojos cerrados ya que cualquier estímulo del medio que nos distraiga la “apagaría”.

…El silencio es el mejor antídoto contra el estrés. El ruido provoca una activación de la amígdala, la cual responde estimulando la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol, que incrementan nuestro nivel de estrés. Por eso, no es extraño que los niños que viven en zonas cercanas a los aeropuertos, donde hay mucho ruido, son más vulnerables al estrés. De hecho, estos niños tenían una presión arterial más alta y niveles más elevados de cortisol. Afortunadamente, el silencio tiene el efecto opuesto en nuestro cerebro. Mientras el ruido causa tensión y estrés, el silencio tiene un efecto sanador y relajante. Así lo comprobaron investigadores de la Universidad de Pavia, quienes descubrieron que tan solo dos minutos en silencio absoluto son más beneficiosos que escuchar música relajante y provocan una mayor disminución de la presión sanguínea.


Por tanto, ahora que lo sé, yo disfruto, adoro el silencio, pero un silencio habitado, no muerto. Mi cerebro, mi cuerpo y mi mente me agradecen por procurar hacer silencio. Y tú, ¿haces silencio?

sábado, 12 de noviembre de 2016

SEIS CLAVES PARA SER FELIZ SEGÚN LA UNIVERSIDAD DE HARVARD

Durante varios años, algunos de los estudiantes de Psicología de esta universidad americana han sido un poco más felices, no solo por estudiar en una de las mejores facultades del mundo, sino porque, de hecho, han aprendido a través de una asignatura. Su profesor, el doctor israelí Tal Ben-Shahar, es experto en Psicología Positiva, una de las corrientes más extendidas y aceptadas en todo el mundo y que él mismo define como “la ciencia de la felicidad”. De hecho, sostiene que la alegría se puede aprender, del mismo modo que uno se instruye para esquiar o a jugar al golf: con técnica y práctica. Aceptar la vida tal y como es te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas. El secreto parece estar en aceptar la vida tal y como es, lo cual, según sus palabras, “te liberará del miedo al fracaso y de unas expectativas perfeccionistas”. Estos son sus seis consejos principales para sentirse afortunado y contento:

1. Perdone sus fracasos. Es más: ¡celébrelos! “Al igual que es inútil quejarse del efecto de la gravedad sobre la Tierra, es imposible tratar de vivir sin emociones negativas, ya que forman parte de la vida, y son tan naturales como la alegría, la felicidad y el bienestar. Aceptando las emociones negativas, conseguiremos abrirnos a disfrutar de la positividad y la alegría”. Se trata de darnos el derecho a ser humanos y de perdonarnos la debilidad.

2. No dé lo bueno por hecho: agradézcalo. Cosas grandes y pequeñas. "Esa manía que tenemos de pensar que las cosas vienen dadas y siempre estarán ahí tiene poco de realista".

3. Haga deporte. Para que funcione no es necesario machacarse en el gimnasio o correr 10 km. diarios. Basta con practicar un ejercicio suave como caminar a paso rápido durante 30 minutos al día para que el cerebro secrete endorfinas, esas sustancias que nos hacen sentir drogados de felicidad, porque en realidad son unos opiáceos naturales que produce nuestro propio cerebro, que mitigan el dolor y causan placer.

4. Simplifique, en el ocio y el trabajo. “Identifiquemos qué es lo verdaderamente importante, y concentrémonos en ello”. Ya se sabe que “quien mucho abarca, poco aprieta”, y por ello lo mejor es centrarse en algo y no intentarlo todo a la vez. Y no se refiere solo al trabajo, sino también al área personal y al tiempo de ocio: “Mejor apagar el teléfono y desconectar del trabajo esas dos o tres horas que se pasa con la familia”.

5. Aprenda a meditar, orar, hacer “silencio habitado”. Este sencillo hábito combate el estrés. A largo plazo, la práctica continuada de ejercicios de meditación contribuye a afrontar mejor los baches de la vida, superar las crisis con mayor fortaleza interior y ser más nosotros mismos bajo cualquier circunstancia.

6. Practique una nueva habilidad: la resiliencia. La felicidad depende de nuestro estado mental, no de la cuenta corriente. Concretamente, “nuestro nivel de dicha lo determinará aquello en lo que nos fijemos y en las atribuciones del éxito o el fracaso”. Esto se conoce como locus de control o lugar en el que situamos la responsabilidad de los hechos.


Ponga en práctica estos pasos sencillos en su vida y verá los grandes beneficios.

sábado, 3 de septiembre de 2016

LA LIBERTAD

Una de las palabras más estropeadas de nuestro lenguaje, luego del amor es la libertad. Libertad, ¡cuántas esclavitudes se generan en tu nombre! Pero ¿qué es libertad? ¿Acaso es la plena coincidencia con lo mejor de uno mismo? Nosotros, los humanos somos seres interiormente divididos; disponemos del libre albedrío para conquistar la libertad. Los griegos distinguían, por eso, entre libre albedrío y libertad. El sistema actual, dirigido por la economía consumista, concibe la libertad como “hacer lo que me da la gana”. Ignora que hacer lo que nos da la gana acaba convirtiéndonos en esclavos de mil cosas. Así, el drogo de hoy creyó ser libre ayer, cuando decidió pincharse; como el fumador de ayer con cáncer de pulmón hoy.
El problema de la libertad radica en nuestra condición contradictoria de ser seres separados entre razón y libertad, ciencia y conciencia, razón y corazón, presente y futuro, materia y espíritu, entre el yo y los otros. Esa división interna puede crearnos mil necesidades falsas. Y cuando nos domina una falsa necesidad acabamos siendo esclavos de algo que parecía una promesa seductora. Por tanto, una primera señal de la libertad radica en el equilibrio emocional y racional (llamado por Aristóteles la prudencia, el justo medio).
Para Pablo de Tarso, nuestro cisma más radical se da entre dos tendencias fatales: la egolatría de quien se cree centro del mundo y acaba convertido en esclavo de mil falsos dioses, y la idolatría secreta del moralista reprimido que acaba siendo un ególatra: porque ya no hace lo bueno por amor al bien, sino porque es esclavo de su propia imagen y necesita sentirse superior a los demás. Contra ambos, Pablo anuncia una nueva posibilidad humana, como la gran aportación del mensaje cristiano: un hombre liberado de sí mismo, de su propio ego y de su afán de reconocimiento, liberado de nuestra inagotable necesidad de justificación. De Pablo podríamos aprender, que nuestra libertad, para ser tal, necesita ser liberada. Esa liberación es la tarea de nuestra existencia y, según Pablo: “Cristo nos liberó [de nosotros mismos] para que seamos verdaderamente libres”.
Según eso, vivimos para aprender a ser libres. Lo cual resulta subversivo en una sociedad que predica que vivimos para ser felices, y pone nuestra dicha en consumir más y mejor. F. Nietzsche enseñaba que el ser humano tiene que elegir entre felicidad y libertad. Si elige la primera quizá se creerá feliz pero no será más que un esclavo contento, cuya vida carece de sentido. Si elige la libertad, su vida podrá estar sembrada de disgustos y dificultades, pero será una vida con sentido. Y el sentido es toda la felicidad a que podemos aspirar en este valle de lágrimas.
Aunque parezca paradójico, la auténtica y verdadera libertad se encuentra en el interior de cada uno de nosotros, no está afuera, no está en las cosas ni en los placeres de la vida, porque si disfrutas por fuera y por dentro estás vacío, se llama esclavitud, dependencia, mendigar amor… Empero, si primero estás bien contigo mismo, luego disfrutas de lo que eres y tienes, solo así saborearás lo bello que es vivir. Ya decía Agustín de Hipona: “¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Me retenía lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti”. De este modo, la libertad está en Dios, que Jesús nos lleva a ser libres, porque la verdad nos hace libres.

miércoles, 15 de junio de 2016

MISERICORDIA SOLAMENTE

Sabemos perfectamente por experiencia personal o compartida por otros que existen palabras traidoras. Palabras que quieren significar cosas buenas, pero sólo oírlas ya suenan mal a los oídos, al menos a algunos oídos. Una de esas es la misericordia. Al oír la palabra misericordia muchas personas piensan en sentimentalismo barato, obras de caridad para rehuir la justicia, ayuda a las personas sin pensar en las causas que las hacen sufrir. Una palabra importante, pero engañosa, porque no quiere significar otra cosa que el sentimiento personal profundo por el sufrimiento de los demás, un sentimiento que mueve a la acción sincera y generosa para aliviar este sufrimiento. Corazón y miseria componen las dos partes de esta palabra: un corazón que siente la miseria o sufrimiento de los demás. La misericordia es pues un sentimiento profundo y dinámico, que no permite que quien lo siente se quede inmóvil o pasivo ante tanto sufrimiento que hay en la humanidad. Es el alma de la solidaridad, de la acción social, del compromiso por la justicia. Por un lado, la compasión es propiamente la actitud permanente que se da en cualquier situación, siempre que hay fraternidad y amor, y por otra parte, la misericordia es la compasión hacia la persona que sufre. Una actitud profunda, una conmoción del corazón, que conduce a los actos de solidaridad.