jueves, 10 de septiembre de 2009

Nacemos soberbios, muramos humildes

Cada uno es arquitecto de su vida, pues lo que uno siembra de joven, lo cosecha de adulto. Hoy en día, nuestra religión cristiana católica está mal entendida. ella por sí misma es santa, lo abarca todo y conlleva a la felicidad. Naturalmente el ser humano nace ignorante, con potencialidades de conocer, saber... Es en le contacto con su medio cuando empieza a darse cuenta que es capaz de vivir acorde a su ser, que tiene una capacidad de dominio y equilibrio racional, emocional y espiritual en el mundo en que vive. No es fácil ser humano, hijo de Dios, ya que el mundo se presenta hostil, algo arbitrario. esto va cambiando al darnos cuenta que la vida es bella, cuando sabemos vivirla, por supuesto.
En un principio son los padres quienes se interesan por sus hijos, les brindan alimento, seguridad, vestido, cariño, y hasta su tiempo. A medida que se va creciendo, la relación entre padres e hijos disminuye porque los padres ven que su hijo(a) ya camina, habla, piensa y se proyecta (pide su "libertad"). Y esto, en cierta manera, da seguridad a los padres, que se sienten más independientes. Tengo 36 años y recién veo la vida como un todo que no lo abarco. La poca fe que tengo me da armonía para seguir viviendo y descubriendo más y más. Si de niño veía el mundo solo a mi alrededor, ahora veo mucho más allá de mi entorno. Nada es determinante en esta vida solo aquello que es inevitable. Cuanto más sabemos del mundo, de todo lo que él contiene, más nos vamos dando cuenta que somos pequeñines. Esta realidad arroja una verdad: se es soberbio de nacimiento porque poco o casi nada conocemos; para dejar de serlo hay que estudiar y saber más, así estamos comprendiendo al mundo, por ende, nos hacemos sencillos, humildes, y dejamos de ser soberbios (sabiondos).
Todos nacemos ignorantes, o sea soberbios (pecado original), no muramos así, al contrariio conozcamos más y más hasta alcanzar la sabiduría que nos conduce a la humildad. Un soberbio poco valora y ama la vida; un humilde valora y ama la vida; de allí que la respeta hasta entregar su vida por dar valor a la vida. Qué mejor ejemplo tenemos al respecto con la vida de Jesucristo, hombre sabio, sencillo, amante, conocedor del corazón humano y de toda la vida. De ser divino se hizo humano para acercarnos más a la felicidad. Imitémosle!!
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